jueves, 27 de octubre de 2011

Mi manera de olvidar

Pasé días, semanas, pudieron ser hasta meses, intentando borrarte de mi vida. Borrando tus recuerdos, tus caricias, los sentimientos que florecían tan desbocadamente hacia ti. No. No lo logré. Lo mejor que pude conseguir fue que el tiempo y la distancia empezaran a desdibujarte y a hacerte menos nítido, aunque no menos hiriente. Te sentía más ajeno, más lejano, hasta que empezaste a parecer un sueño. Uno del cual nunca quise salir, pero, como todos, tuve que dejarlo en ese limbo intangible al que van los sueños cuando despertamos, para revivirlo de vez en cuando con recuerdos.

¿De verdad estuviste aquí?

Todos los "eres el amor de mi vida", "no puedo vivir sin ti", y demás frases de cajón que se tatuaron en mi cabeza y que ingenuamente creí, vuelven de forma completamente espontánea, recordándome que la herida no ha terminado de cicatrizar. Y por más que te busque en brazos ajenos, la memoria de mi cuerpo no ha podido borrarte. Nada se compara.

Te escribo hoy, que volví a recordarte con una fuerza que hace mucho no estaba. Con el dolor recién despierto, creyendo que nunca podré sacarte de mi corazón y que todo, desde nuestra canción favorita hasta la lluvia, me recordarán a ti y a la huella tan profunda que dejaste en mi vida. Mañana tal vez te recuerde un poco menos, y siga con mi vida como si nada hubiera pasado. Tal vez solo finja, y siga muriendo de a poquitos por dentro.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores