Bueno. Como muchos habrán notado, hoy es domingo. Qué día tan horrible. Todos los asalariados lo adoran porque pueden dormir lo que no durmieron durante la semana, pero aquellos que se levantaron a las 9 durante la semana no lo sienten como nada en especial. A mí me parece horriblemente triste.
Yo tengo una costumbre extraña de relacionar todo con los colores. Para mí el domingo es gris, gris triste y aburrido, depresivo y apagado. En fin, gris. Si fuera un domingo con sol y en piscina sería amarillo, pero casi siempre es gris. Será porque los domingos a la gente no le gusta abrir las cortinas ni las puertas y se encierran en sí mismos, disfrutan su soledad y me dejan a mí sola para pasar la mía. Lo más chistoso es que mientras más triste estoy, peor se pone el clima y ahora todos los días son fríos, lluviosos y grises... en Villavicencio. Sí, en Bogotá siempre son así, pero esto es casi un balneario con barrios y aunque la lluvia no falta uno que otro día, que haga frío y que el día esté nublado es un acontecimiento. Y si sigue lloviendo me voy a poner más triste.
En fin, odio los domingos. Me dan demasiado tiempo y espacio para pensar en el sinsentido que somos y no soporto tanta soledad. No soy un monstruo asocial (y antisocial) como algunos creen. Me gusta sentir que hay alguien conmigo y no sólo a mi alrededor.
Les dejo una canción. Sé que todos se han sentido así alguna vez y de pronto les guste. A mí me pone triste pero, siendo honestos, ¿qué no me pone triste? Yo sé qué, pero ni modo.
Adieu.