Me gustan los hombres que son badass. No soporto al artista bohemio ni al ultra caballero de la ternura, tampoco al galán de discoteca que se cree la verga con su camioneta grande y su botella de guaro. Y, por favor, ni me hablen del hombre promedio. No me gusta que me contemplen mucho ni me regalen muchos "detalles", y definitivamente no puedo con que "muestren el hambre". Me gustan los hombres "malos" en el sentido clásico. Esos de chaqueta de cuero y Levi's rotos, que andan en moto y se muestran siempre indiferentes. Y aunque hoy en día no se vean así, la esencia es la misma.
En primer lugar, creo que todas las mujeres tenemos un complejo obsesivo por ser el "amor de la vida" de alguien. Y nada demuestra más amor y dependencia que un hombre malo que cambia. Por eso todas queremos ser aquella maravillosa mujer que cambió al más hijueputa de todos los hombres, lo casó, lo amarró, le sacó plata o hijos, como sea. Con el tiempo ellos han aprendido a descifrarnos y nos hacen creer que cambian, cuando en realidad sólo aprendieron a mentir mejor y en los momentos adecuados. Pero eso es otro tema.
Por otro lado, es completamente cierto que nos gustan los retos cuando se trata de encontrar pareja. Tanto a los hombres como a las mujeres, nos encanta el camino difícil, y no tiene nada que ver con ese dicho sexista y pendejo que proclama que "las mujeres son como el chicle, entre más las pisas más se pegan".
Tras estudiar mi comportamiento y el de los hombres que me atraen, yo ya descubrí porque a mí me gustan los badass. Y no es porque sea un chicle, no sean idiotas, hombrecitos. La cuestión conmigo (digo conmigo porque con otras no sé) es que soy bastante insegura y, sobre todo, indecisa. Siempre busco alguna suerte de consejo en las personas que me rodean y por eso me parece muy frustrante hablar con esos del tipo "lo que tú quieras" o "¿qué te parece mejor?". Los hombres malos proyectan muchísima seguridad, y eso, obviamente, los hace muy atractivos. Pero más que eso, te hacen sentir invencible. Te hacen sentir como si nadie pudiera tocarte ni hacerte daño, y ese es el mejor sentimiento del mundo. A mí, ellos me han formado el carácter a punta de madrazos, de caídas y de besitos en las raspaduras. Amo a los hombres malos que se han atravesado en mi camino y, si pudiera, no cambiaría un minuto del tiempo que he pasado con ellos. Es también gracias a ellos que tengo el criterio y la valentía de hacer semejantes afirmaciones.
Adieu.