Me llamó mucho la atención en días recientes un artículo que al parecer se hizo viral. No leí nada más que el titular, que ponía que Stephen King calificó a la saga 50 Sombras de Grey como basura y "porno para mamás". Lo primero no sé, por que no he leído los dichosos libros, pero lo segundo sí lo pensé en numerosas ocasiones, no sé si llegué sola a esa conclusión o me ayudaron los muchos críticos que lo han dicho ya. Tal vez fue éste en particular.
Pero lo que realmente me dejó pensando fue el sinsabor que me dejó leer eso. ¿Por qué fue tan cruel Stephen King? ¿Qué necesidad de agredir a un autor que no le ha hecho nada e incluso es probable que lo admire? Dudo mucho que desde su primer escrito haya sido el monstruo literario que es hoy en día, de hecho es muy probable que recibiera rechazo en sus inicios; entonces ¿por qué infligir ese mismo martirio en otro colega? Aún peor fue ver cuánta gente lo celebraba, como si hubiera hecho algo bueno al humillar públicamente a otro autor y por consiguiente a los que disfrutan de su trabajo. Criticamos el bullying pero nos parece perfectamente aceptable una situación como esta.
Recordé entonces a esa gente que quiere ir contracorriente, que les encanta criticar la cultura mainstream e incluso agredir a sus seguidores; esos a los que la era de la internet les ha dejado pensar que su opinión puede y debe ser escuchada por todos, aún cuando es profundamente tóxica. Tan similares a los "haters" que agreden cuando algo no encaja su visión del mundo, estética o intelectual. Incluso me encontré culpable de estas conductas a mí misma. Hacemos todos parte de una misma manada.
Entonces entendí cuánto me disgusta este comportamiento. Me parece deplorable lo permisivos que nos volvemos con el odio, aún más cuando restringimos tanto la bondad. Cuando alguien es diferente a nosotros nos parece bien ofender y agredir, pensando (como tanto hacemos los humanos) que nuestra opinión es una verdad absoluta y que nuestra misión de vida es defenderla a muerte.
Ya es hora de que empecemos a tolerar al otro y de que entendamos que el mundo no es como quisiéramos, sino como es. Dividiéndonos por lo que nos diferencia, en lugar de unirnos por los que nos hace semejantes, jamás vamos a llegar a ningún lado.
Adieu.