domingo, 28 de agosto de 2011

Honestidad

Hay dos formas de quererme.
La primera de ellas es siendo una persona de mi vida real, conociéndome poco o nada, sin descubrir los detalles infinitos de la yo real. Creyendo que esa mujer sonriente y agradable no esconde nada más que amabilidad, sin notar que en mi cabeza sólo pienso en lo horrible de su peinado o en lo aburrido de su conversación. Esa gente me quiere, y clama aceptarme cuando un pequeño pico de mi inestabilidad se asoma. Se la pasan cantándome lo talentosa e inteligente que soy, el prometedor futuro que ven adelante para mí, lo divertido que es pasar el tiempo conmigo. Han de ser tan mentirosos como yo.

La otra, probablemente la de muchos de los que me leen, es querer el verdadero yo a través de las redes sociales. Jamás a través de facebook, ahí soy tan hipócrita como en la vida real. Más bien a través de mi twitter, y algo de mi blog. Aquellos que leen lo que digo y me encuentran fascinante. Claro, he de sonar muy divertida cuando no son ustedes a quienes puteo, a quienes lastimo, con quienes juego. Cuando no son ustedes los que me tienen que secar las lágrimas o callarme las palabras suicidas. Y así los quiero yo también, sin vernos las caras para pensar cosas odiosas del otro. Así hasta enamoro y me enamoran.

En ambos casos hay unos que no pasan de mis fotos bonitas y ya se proclaman enamorados de mí. O se autoproclaman mis novios o algo así. No es tan fácil, mis amores, no soy tan fácil. Sobre todo porque soy complicada, no tanto porque me haga la difícil.

Ahora bien, es esa superficialidad tan inherente a la humanidad misma la que nos permite soportarnos. Aunque nos resistamos a ella, somos demasiado complejos para entender y ser entendidos. Exceptuando, claro está, a esos cuyas miserables vidas tienen tan poco sentido que aún no han descubierto el poco sentido que tienen. Esos que creen en Dios, en el amor, en la bondad humana. Ingenuos dirían algunos, para mí son ignorantes. Y son más esos malditos afortunados. Yo casi los envidio. Tanta complejidad no ha sido de gran ayuda en mis relaciones sociales.

Esas pocas personas que me conocen en la vida real y me siguen en twitter están, por decir lo menos, espantadas. Si es que no me han dado unfollow, cada que me hablan no se aguantan las ganas de hacer una mención a lo loca que estoy o de burlarse de mis depresiones. O, todavía peor, a intentar darme un consejo.

Esos a los que me he abierto y con quienes he sido honesta huyen aterrados. No me soportan. Y odio pasar por la incomprendida, no es así para nada, pero a través de los años he descubierto que mentir es mejor, aparentar cierta normalidad, parecer del promedio. Hace la vida más fácil. Es como aquella canción de Los Prisioneros. Siendo estúpido serás feliz. Y no sólo para amar. Para vivir en general.

La última (tal vez la única) persona a la que amé de verdad supo que debía huir de mí cuando se le reveló mi cuenta de twitter. Y es que tanta honestidad no es buena, es abrumadora y asusta. No es un consejo para nadie, es una reflexión más de mis tantas reflexiones culas. No sé, no tengo más por decir. Soy demasiado racional para mi propio bien.

Adieu.




viernes, 19 de agosto de 2011

"Esos días"

Como con todo, no voy a generalizar en este tema. Hay algunas mujeres cuyo ciclo menstrual es perfecto y maravilloso y parece una creación divina de la naturaleza o de alguna deidad. Ha de tener sus desventajas, seguro esas son las que se reproducen como conejos porque tienen la fertilidad por las nubes y se embarazan con tocarlas.
Ahora bien, yo no soy una de esas mujeres. Mi ciclo es, palabras más, palabras menos, una mierda. No tiene nada que ver con el timing, de hecho parece un reloj. Sólo que un reloj muy feo, desagradable y doloroso. Sí, leyeron bien, DOLOROSO. Son dos o tres días que tengo que pasar en cama porque el dolor me hace casi delirar, y si hago algún movimiento más allá de retorcerme en la cama lo más probable es que termine desmayada en el suelo, convulsionando mientras vomito las 17 pastillas que me tragué para evitar el sufrimiento de ser mujer. Dirán que vale la pena, porque luego uno tiene hijos y ¡ay! lo hermoso de ser mamá. La verdad cuando estoy muriéndome del dolor y creyendo que se me van a caer las piernas o me voy a partir en tres, pensar en un parto infinitamente más doloroso y todo para tener unos chinos fastidiosos que se despiertan toda la noche, luego molestan y gritan por cualquier cosa, luego uno tiene que organizarles las mil fiestas por todo y comprarles millones en juguetes, luego les entra la adolescencia y no hay quien se los aguante, luego se las tiran de muy independientes y finalmente hacen su vida olvidando que fue UNO quien les dio todo... Bueno, no suena muy atractivo como plan de vida.
En fin, hablábamos de otra cosa.
Creo que, en mi caso personal, mi sufrimiento se incrementa porque sufro de una enfermedad hermosísima llamada endometriosis, más común(y vulgar)mente conocida como "quistes en los ovarios". La maravilla de esta enfermedad es que reduce considerablemente mis posibilidades de embarazarme, pero aumenta otro montón de problemas físicos. Bueno, yo digo que la tengo porque me autodiagnostiqué con Wikipedia, en realidad no me quiero tanto como para ir al médico. Tendré que ir en algún momento, pero por ahora sé que sufro de todos los síntomas típicos.

"Esos días" y él
Lo primero que recuerdo es esa forma tan chistosa y algo guarra que él tenía para referirse a esos días. Decía que tenía "el América jugando de local". Bueno, de verdad espero no tener que explicarlo.
Pero eso no es lo más importante.
Ahora que estuve en esa situación nuevamente, me sentí sola, abandonada y odiada por la naturaleza que me obsequió este dolor tan pendejo. No pude evitar recordar que, cuando estaba sola, él me cuidaba mis dolores, me preparaba comida y se quedaba conmigo consintiéndome hasta que me pudiera dormir. Una vez más, y como siempre, lo extrañé. Y sentí mucha gratitud, porque fue el primer hombre en mi vida que se preocupó porque no me muriera del dolor. Tal vez fue el único que se quedó lo suficiente para darse cuenta de mi problemita. En fin, díganle que lo extraño, y que me voy a morir sin él. Sean bien trágicos, a ver si así vuelve.


Adieu.







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