lunes, 4 de julio de 2011

Werther

Estaba pensando en que no te volvería a ver, cuando la camioneta en la que ibas se acercó a la caravana de nuevo. Luego, una falla técnica de nuestro carro nos haría conversar de nuevo, aunque sólo fuera sobre nuestros procesos digestivos, en especial sobre la digestión del hijo de Jaime.

Como en aquella historia de Goethe, me enamoré de una forma completamente inoportuna, inadvertida e imprudente. Muchos años mayor, algo de sangre en común, todo eso que sólo yo hallaría perfecto. Jamás sabré si es recíproco, mi inseguridad me hace creer que no lo es. Haré mi mejor esfuerzo para arrastrarte en mi próximo viaje, a ver si así, con algo de alcohol en nuestras cabezas, me animo a confiarte este nuevo secretito. A ver si así te animas a hacer algo que parece casi incestuoso, porque la verdad me carcome el deseo de besarte.
No está entre mis planes escribirte las cartas que le hizo Werther a su amada Lotte, creo que ésta será la primera y última que te escriba. Tampoco voy a terminar con mi vida si no logro que me ames, la promiscuidad y la sobrepoblación nos han ahorrado muchos problemas de este tipo. Creo que es más fácil idealizarte si estás lejos, espero no haber exagerado ya.

Trato de distraerme mientras el hijo de Jaime vomita su tercera bolsa, y pasa por mi mente esa mirada que me diste junto a la piscina; esa que me hizo pensar que tal vez, un día, tú también podrías amarme.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores