La primera de ellas es siendo una persona de mi vida real, conociéndome poco o nada, sin descubrir los detalles infinitos de la yo real. Creyendo que esa mujer sonriente y agradable no esconde nada más que amabilidad, sin notar que en mi cabeza sólo pienso en lo horrible de su peinado o en lo aburrido de su conversación. Esa gente me quiere, y clama aceptarme cuando un pequeño pico de mi inestabilidad se asoma. Se la pasan cantándome lo talentosa e inteligente que soy, el prometedor futuro que ven adelante para mí, lo divertido que es pasar el tiempo conmigo. Han de ser tan mentirosos como yo.
La otra, probablemente la de muchos de los que me leen, es querer el verdadero yo a través de las redes sociales. Jamás a través de facebook, ahí soy tan hipócrita como en la vida real. Más bien a través de mi twitter, y algo de mi blog. Aquellos que leen lo que digo y me encuentran fascinante. Claro, he de sonar muy divertida cuando no son ustedes a quienes puteo, a quienes lastimo, con quienes juego. Cuando no son ustedes los que me tienen que secar las lágrimas o callarme las palabras suicidas. Y así los quiero yo también, sin vernos las caras para pensar cosas odiosas del otro. Así hasta enamoro y me enamoran.
En ambos casos hay unos que no pasan de mis fotos bonitas y ya se proclaman enamorados de mí. O se autoproclaman mis novios o algo así. No es tan fácil, mis amores, no soy tan fácil. Sobre todo porque soy complicada, no tanto porque me haga la difícil.
Ahora bien, es esa superficialidad tan inherente a la humanidad misma la que nos permite soportarnos. Aunque nos resistamos a ella, somos demasiado complejos para entender y ser entendidos. Exceptuando, claro está, a esos cuyas miserables vidas tienen tan poco sentido que aún no han descubierto el poco sentido que tienen. Esos que creen en Dios, en el amor, en la bondad humana. Ingenuos dirían algunos, para mí son ignorantes. Y son más esos malditos afortunados. Yo casi los envidio. Tanta complejidad no ha sido de gran ayuda en mis relaciones sociales.
Esas pocas personas que me conocen en la vida real y me siguen en twitter están, por decir lo menos, espantadas. Si es que no me han dado unfollow, cada que me hablan no se aguantan las ganas de hacer una mención a lo loca que estoy o de burlarse de mis depresiones. O, todavía peor, a intentar darme un consejo.
Esos a los que me he abierto y con quienes he sido honesta huyen aterrados. No me soportan. Y odio pasar por la incomprendida, no es así para nada, pero a través de los años he descubierto que mentir es mejor, aparentar cierta normalidad, parecer del promedio. Hace la vida más fácil. Es como aquella canción de Los Prisioneros. Siendo estúpido serás feliz. Y no sólo para amar. Para vivir en general.
La última (tal vez la única) persona a la que amé de verdad supo que debía huir de mí cuando se le reveló mi cuenta de twitter. Y es que tanta honestidad no es buena, es abrumadora y asusta. No es un consejo para nadie, es una reflexión más de mis tantas reflexiones culas. No sé, no tengo más por decir. Soy demasiado racional para mi propio bien.
Adieu.
Nunca dejes que descubran otra vez tu twitter. Es algo tan personal para mí que pienso que ningún conocido debe entrar en él.
ResponderEliminarLa morenita.
Parece que ignorar lo que todos ignoran, pretender ser "normalita" fingiendo estupidez nos abre un espacio en medio de los demás. Tanto cuestionamiento sobre la vida y saber lo que muchos no saben tarde o temprano nos caga la vida.
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