Por fin me he decidido a escribir sobre tantas cosas que pienso y pienso y sobre las que hago blogs mentales con infinitas entradas pero jamás plasmo en ninguna parte. Es gracioso porque los borradores están en mi bandeja, pero ahora que me regreso a retomarlos encuentro que ya no pienso igual que lo hacía en ese momento. Siempre he sabido que mi mente es plastilina, moldeable como tantas, pero, vaya, qué rápido nos cambia la vida a algunos.
Supongo que lo único que quiero decir es que es estúpido casarse con una idea, una ideología o cualquier forma de pensar. Parte de la magia de nuestra mente es que se adapta, y lo mejor que podemos hacer es seguir el flujo de ella. Resistirse a ello no sólo es inútil sino también se vuelve frustrante y nos convierte en personas rígidas e infelices.
Es aún más maravilloso permitir que el universo entre en nosotros y dejar que todas las circunstancias, lugares y personas que nos rodean dejen su pequeña huella en nuestra manera de ver y vivir la vida. Si quieren intentarlo alguna vez, van a ver que pueden encontrar mucha felicidad en ello.
Adieu.
No hay comentarios:
Publicar un comentario